Colisión cultural

En las vacaciones me crucé con un belga, un paulista y una madre con su hija de Alemania.

Williem, el belga, hablaba inglés porque su lengua de origen es el dash y también sabía francés, pero íbamos a estar todos perdidos. El paulista, Guillerme era el que más sabía de idiomas. Tenía facilidad y estaba estudiando francés, además de hablar español casi perfecto porque tenía una novia peruana y hablar un inglés fluido. María, la alemana, hablaba perfecto portugués y así nos entendíamos, ella había estado viviendo un año en Brasil cuando estaba embarazada de su hija, de eso ya hace diez años. Su hijita Clara, además de ser vegetariana por elección, y amar a los animales y las platas, hablaba español muy bien, ya que su abuela era mexicana.

Yo me comunicaba así: con mi mediocre ingles me hacía entender con el belga, eso y la ayuda del “dígalo con mímica”. Con el paulista, español, ahí descansaba, mi recreo. Con la alemana, “portuñol” y con la nena me divertía escucharla hablar español como salido de un casette.

Compartimos todos juntos una tarde de recorrida, y un almuerzo. Eso era una trenza de lenguajes.

Seis personas alrededor de un almuerzo hablando distintas lenguas, viniendo de distintos lugares, teniendo orígenes culturales muy diferentes- porque estamos empapados de cultura- pero entendiéndonos. Y a la vez, todos iguales- porque somos personas con sueños, frustraciones, miedos, hijos, – amándonos.

Sentir que no hay diferencias con el otro que es tan diferente.

Desde el lenguaje la palabra saqueo en Alemania no tiene la connotación que para nosotros sí tiene. En otros países esa palabra ni siquiera existe. Pero no se trata solo de una palabra si no que para nosotros escucharla nos remite a un momento, a un tiempo, a unas sensaciones. Saqueo, es un pedazo de la historia argentina, lamentablemente. También, desde el lenguaje, tenemos más o menos palabras que otros. ¿No nos condiciona para comunicarnos? Algunos tendremos muchas formas de decir las cosas, y otros solo algunas.

Lo que hace estas mixturas culturales es conocer un poco más de otros lugares desde la voz del nativo, y destruir prejuicios, bajar barreras.

Me cruce con dos colombianos que me hicieron una idea distinta de Colombia. Me dijeron que Colombia en diez años ha cambiado mucho, las FARCS están controladas, las calles son más seguras. Pero que en el mundo les ha quedado todavía la mancha, el estigma de un tiempo codicioso y desdichado que ya no es.

El belga me decía que había viajado hasta Brasil a conocer al Yaguareté, en una expedición, que había cruzado el océano buscando aventura, venía a la selva. Y que esto era el paraíso.

Ópticas, visiones. Desde un lado o el otro del globo terráqueo.

Pero siempre siendo los mismos: viajeros, en esta gran travesía llamada vida.

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