El oleaje del mar

El oleaje del mar no descansa. Vive en puro movimiento. Solía asociar la paz con la quietud. Una de las acepciones en su definición es que la paz es la ausencia de inquietud. De ahí creo mi confusión, de pensar que algo pacifico es algo que está quieto. Hoy creo que esto no es tan así. Pero entonces, ¿qué es la paz?

Es movimiento también. Es una vibración. Es mar. Es lluvia. Es viento.  Es simpleza.

En el I Ching, la paz no es un absoluto, sino una búsqueda permanente. Entonces, definitivamente hay movimiento en un estado pacífico. Pero ¿hacia dónde?

Hace poco volví a escuchar el discurso que dio Pepe Mujica, el presidente uruguayo, en la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20. Fue a hablar de algo grande. De que tenemos que hacer algo, de que la vida no es solo consumir y consumir, de que hay cosas más importantes. De la simpleza. De vivir con menos y en igual abundancia. De que la crisis no es ecológica sino política. De que la corrupción viene ligada a la idea de hacer dinero de cualquier forma. De que el mercado nos organiza la vida. De que la globalización nos gobierna. De que la vida es valiosa y venimos a ser felices.

Miro el mar y veo su sabiduría. Un reflejo de las palabras de Mujica. El mar reutiliza, recicla. El mar no consume agua nueva todo el tiempo, sino que entra dentro de un ciclo… y todo vuelve a empezar. Lo mismo sería si las frutas y verduras que me da la tierra, vuelven a ella – sus cáscaras- en forma de abono. Círculo. Cíclico. Positivo. El mar no tiene ansias de lo nuevo y o el deseo del último modelo. El mar está en paz y en movimiento continuo.

Quiero dejarles seis frases del discurso de Mujica, que les aseguro no tienen desperdicio.

– ¿Qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?

– El planeta, ¿tiene los elementos materiales como para hacer posible que siete mil, ocho mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será posible?

– ¿Es posible hablar de solidaridad y de que estamos todos juntos, en una economía que está basada en una competencia despiadada?

– Pobre no es el que tiene poco, sino que verdaderamente pobre es el que necesita infinitamente mucho, y desea y desea y desea más y más.

– El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, a favor del amor, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental. Precisamente porque eso es el tesoro más importante que tenemos.

– No venimos al planeta para desarrollarnos… venimos a la vida intentando ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es elemental.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *