El regalo perfecto

Jingle bell , jingle bell  (para los que hablamos el inglés de oído seria shingul bel, shingul bel).

Sí, sí, llegó la navidad, pasó la navidad, llega el año nuevo, y ya vamos a estar en él.

Este año decidí regalar libros. Soy de las que cree que regalar es un acto especial, y en particular me encanta hacerlo.

Creo que a la hora de elegir un regalo para alguien en aquello que damos tiene que estar simbolizada nuestra relación, tiene que haber parte del  otro y para de uno mismo.

“¿Todo esto para comprar un  regalito?, dirán ustedes. Sí, y hay más.

Un ejemplo: A mi cuñada le gustan los elefantes. No me voy a ir a África a cazar uno y se lo dejo tirado en el jardín. No, no solo porque me saldría muy costoso el viaje sino porque no está en mí matar animales. Pero el año pasado le regalé una cartera Hindú con un elefantito.

A mi hermana le gustan, (va, ¡le encantan!) las vaquitas de San Antonio. Siempre que le compro algo tengo en cuenta este detalle.

¿Y dónde se vuelca lo de uno?, porque hasta ahora tenemos en cuenta lo del otro.

Hace algunos años, ahora que lo pienso ya pasaron bastantes, cumplía años el novio “heavy metal” de una amiga. Quiero hacer la aclaración que esta amiga es como una campanita colorida saltando entre el medio del cemento. Al novio, decidimos entre todas las amigas de la novia campanita, comprarle una remera. No negra, no gris. Roja. Sabíamos que estaba necesitando ropa. Sabíamos que le gustan las remeras estampadas. Pero el color era nuestro mensaje en ese regalo: la vida con color. Esto no es imponer. Fíjense lo que pasó.

Nos dijo: “Es la primera prenda de color que voy a tener en mi armario”. A partir de ahí empezó con el color en su ropa.

Yo entiendo que puede haber personas difíciles para regalar y aquellas que son muy fáciles.

Mi pareja es muy fácil: vino, libro, música o ropa.

Mi suegro es muy difícil: vino.

¿Y si uno quiere salir de ahí? (como la chivita… “sal de ahí chivita, chivita, sal de ahí de ese lugar”… bue)

Para uno de sus cumpleaños, realmente quería esmerarme, él me había comentado que le gustaba mucho Serrat. Buscando (porque no es fácil) encontré un cd de las mejores canciones de Serrat cantado por mujeres españolas, entre ellas Ana Belén (que también le gustaba). Le encantó el regalo.

Los siguientes cumpleaños de mi suegro, siempre caí con una botella de vino. (Salvo una vez que le regalé unas pantuflas, y me da una alegría inmensa vérselas puestas!).

Mientras escribo caigo en la cuenta que también es muy importante escuchar al otro y retener datos o detalles para después volcarlos en el presente elegido.

El punto es que regalar tiene que ver con una actitud. No solo daditativa, sino de tiempo que le estamos dedicando al otro, importancia a esa relación, incluso le estamos diciendo cuánto lo conocemos y  qué le recomendamos. El regalo también es un mensaje.

Pasa seguido el hecho de encontrarse con comentarios del tipo “me regala lo que ella usaría no lo que yo me pondría”, o “me regaló tal cosa, evidentemente no me conoce”.

No se trata de quedar bien o mal. Si no te gusta regalar deja que lo compre otra persona, alguien que realmente tenga ganas de dedicarse unos minutos a pensar en el otro y ver cómo, de qué manera le podría aportar algo de magia a su vida.

Porque no hay cosa más linda que ver la cara de felicidad en el otro cuando abre el paquete.

 

 

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