Frontón

(Editorial para el diario Las Cosas del Decir- 2012) 

Existe un alto nivel de crispación social. De roces que se transforman en choques, de insultos que terminan a los golpes.

Se vive en cualquier ámbito la tensión que produce la falta de tolerancia y de respeto.

Un colectivero que pide rapidez a los gritos, una señora bien vestida que empuja en una fila hasta llegar a la ventanilla, un hombre que se mete en un concejo deliberante a insultar a un concejal a los gritos. Paro de docentes, paro de estatales, para de subtes, para de recolectores de basura, paro…, paro… Parar. ¿Esto es posible?

 

¿Es la única forma que tenemos de expresarnos los argentinos? ¿A través de los cortes y los paros? ¿A los empujones y a los gritos?

 

Puteadas van, puteadas vienen. Y los medios se entretienen.

 

Suelo bajar a los ejemplos mundanos. Situémonos: Feria de las colectividades en la plaza de San Fernando, mucha gente caminando, mucho cochecito de bebé. Una mujer, sin querer, se llevó por delante uno de ellos, pidió disculpas automáticamente. La respuesta de la madre que empujaba el coche fue: “¿Por qué no te fijas por donde caminas, pelotuda?”.

 

He aquí la falta de respeto al respeto. Seguramente esa madre no estaba enojada por esa situación sino que viene acumulando enojo, tal vez no esté conforme con su vida, tal vez no le alcance el sueldo para llegar a fin de mes, tal vez no comió lo suficiente en la feria y estaba con hambre. No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que si el enojo no estuviera corriendo en las venas de esa mujer, y de tantas otras personas, no hubiera salido de ella esa respuesta.

 

Respondo con enojo frente a una persona que me pide disculpas, respondo a los gritos cuando alguien me habla, respondo a los palos cuando las cosas no salen como yo quiero. ¿Qué es lo que vuelve de esas respuestas?

Más enojo, más intolerancia.

 

A la respuesta: “¿Por qué no te fijas por donde caminas, pelotuda?”; se genera otra respuesta: “Te pedí perdón! ¿O sos idiota y no me escuchas?”, y a ésta otra, y a ésta otra y otra.

 

Entramos todos en una cancha  de frontón. Donde la pelota pica cada vez más fuerte sobre la pared, hasta que en algún rebote le pega a alguien en la cabeza y lo mata. ¿Quién es el responsable? ¿El último que golpeó la pelota? No. Esa pelota viene juntando fuerza desde hace unos cuantos golpes atrás. Somos todos responsables.

 

¿Quién se anima a parar la pelota y empezar otro juego?

 

 

 

 

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