Gajes del oficio

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Para ser un buen vendedor hay que ser un buen seductor.

En todos los espacios de la vida tratamos de vender, ya sea una camisa de algodón o un producto de Sprayet, y para eso nos valemos de una prenda indispensable que guardamos en el armario: Algunos la sacamos de apuro, otros la llevamos siempre puesta, aquellos la llevan oculta, nosotros la mostramos sin tabúes. Estoy hablando de la seducción.

Este preciado instrumento, joya de museo, reliquia histórica para el bolsillo del caballero o la cartera de la dama, ustedes la conseguirán por el valor de una sonrisa, hoy lo podrán obtener por el precio de una caída de ojos.

¿Acaso no estoy vendiendo?

En todo momento que vendemos, seducimos y cuando seducimos algo estamos vendiendo. Ya sea una idea, un proyecto, un producto…

Hoy hasta existen entrenamientos exclusivos de seducción, no solo para “levantar” a alguien en un boliche sino para la vida en general.

He sabido del caso de un concejal que apenas comenzó su carrera política tomó algunos cursos donde, entre otras cosas, dictaban materias parecidas a: postura, tono de voz, oratoria, gesticulación.

El cuerpo en todo momento está hablando, y el interlocutor en todo momento lo está oyendo, aunque sea inconcientemente.

Espero que no se malentiendan estas líneas, seducir no es tirarse encima de la otra persona ni ponerse la remera mas escotada del placard.

Seducir es una cuestión de actitud. Es la actitud la que seduce, y aquí nos metemos en otro terreno…el de la seguridad. Una persona segura de sí misma es por naturaleza seductora. Porque se para derecha, y no encorvada como escondiéndose del mundo, porque habla claro y en un tono medio, y no a los gritos o susurrando para que no lo escuchen.

La seducción no pasa por la pilcha, ni por el maquillaje, ni por el mejor traje. También la sencillez en la mayoría de los casos (acompañada de esa seguridad que veníamos hablando) seduce.

La seducción no pasa por la belleza, ni por “el lomazo”. Nada tiene que ver con eso.

No confundamos seducción con atractivo o llamativo.

A través de este torpe texto, a usted lector, le estoy vendiendo mi postura y para ello utilizo como estrategias de seducción, la argumentación, la metáfora, la palabra disfrazada.

En el caso de que estuviéramos “cara a cara”, “face to face” de seguro ubicaría una sonrisa en lugar de una coma o movería suavemente mi mano de izquierda a derecha para indicar que este texto terminó.

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