Game change

La película “Game Change” fue sobre la campaña de McCain vs. Obama en EEUU. Pero la película se centra en Sarah Palin la candidata a vicegobernadora por el lado de McCain.
En la película la muestran como una mujer carismática. La gente la adora, maneja una oratoria increíble y están convencidos de que McCain llego a hacer la campaña que hizo gracias a ella.
Sin embargo también la posicionan desde el film como una lunática, una mujer que había perdido el eje y sin conocimientos de nada, ni de política exterior, no de conflictos bélicos, ni de economía regional, nada.
Y acá empieza el problema. Ella comienza a ir a las entrevistas en los canales de televisión y no sabe qué responder en algunas ocasiones, frente a algunas preguntas, se pone nerviosa y empieza a trastabillar. Por eso los medios de comunicación la destrozan, las presiones de la campaña la desestabilizan hasta el punto de que esta por caer y nadie le sostiene la mano.
Es entonces cuando deciden que ella debe regresar unos días con su familia -tenía cinco hijos- y recargarse de energías allí para poder continuar y poder, de paso, estudiar algunos temas.
Todo el equipo de la campaña está allí, en su casa preparándole apuntes, dándole clases y metiendo presión. Ella estudia, al principio fascinada, pero después se frustra al no recordar años, cifras y fechas, al no poder retener información.
Entonces, una noche, en una charla que ella tiene con su marido, él le dice: “Se tu misma, se natural”.
No forzar nada. Forzado nada sale. Y es ahí que ella empieza a dar notas, y no contesta con cifras, contesta con sus experiencias, en vez de decirles cual era la posición de EEUU frente a Irak (en el momento de la elección) les hablaba de su hijo, que estaba en el frente, en esa guerra. Ahí su imagen política vuelve a subir: los medios la aman y la gente también. Porque a la gente no le interesaban las cifras difíciles, sino la honestidad, y ella les hablaba desde el corazón, por eso se entienden.
Así gano el debate con uno de los candidatos más eruditos.
A veces creo que existen políticos que saben mucho pero sienten poco. Y el conocimiento se adquiere, la oratoria se entrena pero el corazón ni se entrena ni se aprende.
A veces el conocimiento funciona de impedimento para poder mirar más allá de lo que se sabe. Entonces, se va al campo a chequear la información que ya se tiene y no a adquirir nueva.
A veces la sabiduría nada tiene que ver con el conocimiento. Sabio es el político que tiene la capacidad sentir lo que el otro siente y encender su corazón de solidaridad, el otro solo repite lo que ha leído y tiene una excelente memoria para retener datos.
Uno es empático y compasivo, el otro, solamente memorioso.
Sepamos distinguirlos.