Identidad robada

Me puse a hacer memoria. A ver qué cosas tenía hoy en mi personalidad y hábitos de aquellas personas que siempre admiré de chica. Y encontré varias.

Tenía una compañera de patín – patine más de diez años en el Centro Galicia-, llamada Liliana. Era morena, esbelta, simpática, graciosa, ella tenía 18 y yo 14 años. La miraba todo el tiempo, la miraba hacerse el rodete en un nudo- que mi madre no me dejaba hacérmelo porque decía que se me rompía el pelo- la miraba anudarse el pañuelo alrededor del cuello. Eso también lo copie.

Fito Páez me llegó con una profesora de patín que siempre andaba de botas, que amaba a Fito Paéz y que llevaba la palabra “caos” en la punta de la lengua, “esto es un caos” “aquello fue un caos”, decía todo el tiempo.  Y su admiración por Fito se me pegó.

El pelo color fuego se lo saqué a Patricia Sosa. Hoy ya estoy un poco más suavizada por los años, pero lo que duró mi adolescencia me teñí de un colorado, que tiraba al naranja.

Recuerdo mirar mucho “The Nanny”- la niñera- y que me encantara Fran Fine. Al punto de que hacía gestos de ella sin saberlo, hasta que alguien me decía “te pareces a la niñera” y para mí era el mayor alago.

No me salía ser princesa. No me salía ser adorada por los príncipes. De hecho durante mi adolescencia estuve bastante peleada con todos ellos, por convertirse en sapos tan rápidamente.

Pero más allá de todo esto, hay cosas con las que me mimeticé de grande, ya en un proceso conciente. Porque me gustaba, porque me hacía bien, porque así lo quise.

En definitiva hacemos carne aquello con lo que se crea cierta identificación.

En definitiva creo que en este camino, corto pero abultado, que llevo recorrido he echado mano a varias cosas de varias personas. Creo que en mi baulcito podría estar:

Comer más sano como Flor. Meditar como Vero. Comunicarme mejor con mis afectos como Lili. Vivir plenamente como Osho. Amar incondicionalmente como Jesús. Ser más simple como María. Ser más femenina como Marcela. Confiar más en el otro como Anita. Vivir más suelto como Matías.

Con el pelo ya no tan colorado, con el pañuelo al cuello, con el rodete hecho, con Fito sonando.

En definitiva soy esta Laura, gracias a todo lo que paso hasta ahora y a todas las personas con las que me crucé.

 

 

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