Palabras de viento

Fui a sacar el registro por primera vez. Primero papeles, segundo el examen de la vista, tercero una oficina con un hombre que me dijo: “la calle está peligrosa. Vas a sentir en muchos momentos que la gente atenta contra tu vida. Paciencia. Para manejar se requiere paciencia”. Solo eso, y de ahí al teórico.

Pero me quedó sonando en la cabeza… “la gente atenta contra tu vida”. “¿No será mucho?”, pensé.

A los pocos días vi el programa de televisión “Intratables”: nadie se escuchaba, todos se gritaban, se imponían las ideas, se faltaban el respeto. En uno de esos programas estaba el actor Hugo Arana, y cuando lo dejaron hablar, dijo “somos esto que pasa acá, como sociedad somos así”.

Pasaron otros pocos días de ese programa y, mientras tomaba un café en un bar, un hombre leía el diario en la mesa de al lado. Una chica, en una mesa cercana al hombre, se preparaba para irse y cuando salió, sin querer, le tocó la silla que estaba desocupada. El hombre la miró y le dijo: “sos una pelotuda”.  A mí me salió decirle que no había sido para tanto, y me comí un insulto yo también.

Me dio miedo su enojo.  Más que enojo, es una persona llena de odio. Eso me asusta, me sincero. Y sé que desde mi miedo no actúo. El miedo paraliza. Y es ahí donde me siento parte de todo esto. Contribuyendo sin hacer nada.

Solo me sale tratar al mundo con amor. Pero debo decirles que mi amor solo no alcanza, que es poderoso, porque así es el amor, pero no alcanza.

Piensen un segundo esta idea: ¿qué pasaría, que sería del mundo si todos nos tratáramos con amor? ¿Si no existiera el “jodete” y el “qué se cague”? ¿Si en vez de dejar salir libremente ese hilo de fuego que todos llevamos dentro, la furia, el enojo, si en vez de dejarlo salir hacemos algo con nuestras vidas para que esa furia se diluya, como un rio manso, que las olas que llegan hasta la costa, lleguen suavecitas, pero  no con toda la furia del agua del océano, con la inmensidad de la tormenta eléctrica en verano, si ese enojo lo trasformamos, porque en definitiva es energía y la energía se transforma, entonces si podemos transformar ese enojo en amor, y si en vez de putearnos nos amamos, si en vez de  lanzarnos huracanes de rabia, nos acariciamos con palabras de amor, con palabras de viento… el mundo, el mundo entero, ¿No seria distinto?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *