Sensación térmica

(Artículo publicado en el diario Las Cosas del Decir, 2010) 

Fue esta semana, la misma en la que la sensación térmica llegó a los 0 grados.

Salía de mi casa para ir a la radio, como hago todas las mañanas, con la única diferencia que esta vez no tenía monedas para viajar.

Ya había buscado en los tarritos que tengo sobre mi cómoda. Nada. Las billetera de mi madre. Nada. Sacudí a la abuela y solo cayó un alfiler de gancho. De monedas, nada.

 

Salí a la calle dispuesta a cambiar o a perder en el cambio, pero quería monedas.

Solo el hombre del kiosco de revistas tenía el negocio abierto a esa hora. Le pregunté si, por favor, me cambiaba dos pesos por dos monedas. Tardo en responder, me miró y yo a él y luego respondió (le costó hacerlo) “No”.

Ambos sabíamos que me estaba mintiendo.

 

Allá a lo lejos por la calle Paraná se veía el cartel rojo del 707. “Tal vez pueda cambiarme monedas adentro” pensé, siendo ésta la única alternativa ya que no había ningún otro comercio abierto.

 

Paro el colectivo, ya muerta de frío, subo y le pregunto al colectivero por el cambio. El hombre comenzó a gritarme como si le hubiera hecho una propuesta indecente delante de sus hijos, no era su mejor día o tal vez sí. (Recordemos que yo solo quería dos monedas para poder viajar y así llegar a la radio).

Casi en un insulto me abrió la puerta y me dijo “Bajate”.

 

Tuve la miserable sensación de que nadie quería ayudarme y me sentí un poco solitaria. Fue entonces cuando pensé en donde podría estar vacacionando la solidaridad.

Pensé en el frío y en la indiferencia.

Pensé en la madre que corre tras la justicia para que alguien pague la injusticia.

Pensé en las puertas que se cierran en la cara de aquellos que luchan por una causa aun mayor que el cambio de monedas.

Pensé en la sensación de estar solo, sin demasiadas expectativas, ni soluciones, ni hombros, ni manos.

Pensé en los granitos de arena y en los areneros vacíos.

En las promesas incumplidas que duelen, sí que duelen.

Pensé en las Fundaciones, ONG, Asociaciones que a veces son miradas de reojo con el pensamiento de “No me jodas” bailándoles en el ceño.

Anoche, Jorge Lanata en su programa, entrevistaba a una joven que se había instalado en Santiago del Estero porque estaba llevando a cabo su fundación “Haciendo caminos”. Ella decía que no alcanzaba con ir de vez en cuando para allá, por eso sintió que debía quedarse para poder ayudar.

Entonces vuelvo al tema de la in-diferencia: diferencia hacia fuera pero más hacia adentro.

Y justamente la diferencia de la indiferencia la marcan personas como esta joven comprometida.

Compromiso con el otro y, por supuesto, con uno mismo.

Por mi parte me comprometo a conseguir monedas para mañana.

 

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